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3 de julio | | | | |

Crónica por los senderos de la yuca

Producción de Radio Temblor del Colectivo Voces Ecológicas

Nuestro caminar, por cuestiones del destino, nos ubica al sur de América. Otra cultura, biodiversidad, gente que resiste, canta y atiza el fuego de la vida, por mejores días de prosperidad. Sin tenerlo como un punto de nuestra agenda, el llamado se presentó por un encuentro de mujeres indígenas shiwiar, que tejerían sus conocimientos, experiencias y arte por las comunidades de panitza, kambantsa, kurintsa y tunguintsa, en la región amazónica del Ecuador.

Tierra guerrera, cuya fuerza y alimento terrenal es la yuca. Y que, desde el inicio de nuestra trayectoria, estuvo acompañada de grandes sembradíos y, por supuesto, fue recibida en cada comunidad con la chicha fermentada de esta raíz, cuyo nombre científico es Manihot esculenta.

El Yaku Chaski Warmi —frase kichwa que significa ‘mujeres mensajeras de los ríos’—, como se denomina a este recorrido, surge de la decisión de las mujeres de empoderarse por la defensa de sus territorios y la necesidad del reencuentro con la Madre Tierra. Los cuerpos, la territorialidad y sabiduría representan la sacristía existencial de los pueblos originarios, cuya dimensión se excluye del dominante pensamiento colonial y áspero de las fuentes usuales.

La desconexión con el mundo infrahumano del capitalismo nos llevó a trasladarnos por las vías permanentes de la historia de los mortales. Viajamos 45 minutos en avioneta para llegar a tierras de la nacionalidad shiwiar; la lluvia, viento y destreza amenizaban nuestra adrenalina, cautivándonos en un viaje como si fuera al más allá, pero era una expedición para encontrar nuestras raíces.

Arribamos el jueves 25 de mayo, luego de avistar la espesa selva desde lo alto. Una nutrida bienvenida de mujeres, infantes y ancianos, que extendieron sus manos y palabras tradicionales: estábamos en Kambantsa. Con el saludo oficial de Jorge Jimpikit, autoridad tradicional, se formalizaba esta rica historia emprendida por la ecologista Ivonne Ramos, la promotora social Margot Escobar y Ena Santi, del territorio Sarayacú. Luego se complementaría con la líder shiwiar Rosa Gualinga y Edy Villamil liderer Kichwa, ambos guías de esta misión inédita.

Colores, idiomas y costumbres… los pueblos indígenas tienen un sistema de vida propio que los aleja de la monótona visión impuesta por la educación formal y más aún por los medios masivos, que difunden parcialmente a su conveniencia. Pero esta vez, de manera física, palpable y sentimental, entramos al claustro de la vida shiwiar, que posee la virtud de hablar tres lenguas: el shiwiar, kichwa y castellano.

Catorce horas de convivencia fugaz fueron suficientes para enriquecernos, sanarnos y alegrarnos. Nos llevaron a configurar el modus vivendi shiwiar, a quienes lo básico del diario vivir los hace felices, sin tantos tabúes, metodologías y tutorías. Kambantsa, al igual que Panitza, fueron la puerta de reinicio a nuestro pensar y actuar ante los retos de este desenfrenado mundo.

Durante esas horas, al compartir junto a la chicha de yuca y la gente color tierra, las lecciones se tornaban amenas, llenas de encantos y cantos del viento que se solapaban entre las gotas de agua y hojas de árboles nativos. Entre anécdotas, manifiestos y la fuerza de las palabras, las denuncias se hicieron presentes, ya que la amenaza extractiva, desde hace unos años al igual que ahora, se disfraza de mejoras para las poblaciones indígenas. Otra triste realidad: se apunta a la agenda de lucha de los pueblos de Abya Yala.

Y, como de costumbre, las políticas desarrollistas estaban al acecho. No hacían consultas a los guardianes de la selva, que promovieron un estado de alerta e incertidumbre. Posteriormente, las comunidades shiwiar levantaban sus interrogantes para deshilachar por qué sus tierras son valiosas para el mercado industrial.

Y así, luego de tres horas caminando por senderos verdes, pasando sobre riachuelos y avistando exóticas aves, llegamos el 26 de mayo a Kurintsa. Allí también las versiones sobre la imposición de pozos petroleros amenazan a las tierras fértiles y ancestrales.

Esta comunidad concentra más habitantes que las demás y tiene infraestructuras educativas en deterioro, hasta en abandono, y un centro de salud, que también servía de albergue para la radiocomunicación entre la base aérea en la ciudad de El Puyo, así como entre las comunidades. Un espacio común que, en el marco de la conmemoración del Día de la Madre, fue abarrotado por familias.

Entre la intervención de los visitantes, sus autoridades y representantes de la comunidad se desenvolvió una agenda en la que se expusieron los dilemas de la lucha territorial en nuestro continente; las realidades del país; la importancia de las mujeres en las decisiones comunitarias y las necesidades urgentes que requieren ser superadas sin interesar el abandono del estado paternalista incrustado desde la década de los 70.

Evidentes fueron las costumbres, sabores y aires de los indígenas de esta región ecuatoriana que, ante el enclave colonial, mantienen sus prácticas ancestrales para la fortaleza de su vida espiritual y agradecen a la Madre Tierra los días comunes de trabajo, alimento y alegría. Sin embargo, notorias fueron las escenas en que la cultura foránea ha invadido, como el machismo, que ha sido un síntoma entre las buenas relaciones de las mujeres y hombres.

Este sentido, el Yaku chaski tuvo la misión de conglomerar a las mujeres de las comunidades shiwiar para dialogar sobre su rol, sufrimientos, desafíos y su propuesta colectiva de descolonizar, a través de su participación, las decisiones parciales del género opuesto. Además, se abordó la necesidad de darle continuidad a este proceso liberador, junto a otras temáticas como la comunicación popular, el ecologismo y los derechos humanos. Es importante destacar que un grupo de mujeres shiwiar apuesta por hacer uso de herramientas populares como la radio comunitaria y la fotografía.

Enriquecedor fue este encuentro, oportuno para compartir la carne de guanta (conejo salvaje), danta (tapir), el macho de pescado (caldo) o allampaco de pescado y la bebida de maíz fermentado, tradición de nuestros ancestros que persiste entre las generaciones. En tanto, las melodías de la tsayandar (flauta) y el tambor alegraron el compás de los presentes. Sin determinar el tiempo que marca el reloj, despertamos en la madrugada del 28 de junio para reiterar, así como en todas las comunidades, el ritual espiritual de la toma de la guayusa, que esta vez tuvo un significado profundo por el canto nocturno interpretado por Alicia Choji, cuyas letras en shiwiar fueron dedicadas a su madre fallecida.

Después de la ceremonia sanadora, emprendimos nuestra travesía por los yucales y flores, que nos despedían de Kurintza, para tomar siete horas de camino hasta la comunidad de Tunguintsa. De retorno fue una nueva experiencia atravesar el río Kurintza, que constituye otra arteria del río Amazonas, infestado de pirañas, anacondas, serpientes y depredadores en extinción.

Fue un largo trayecto en donde no faltó el cansancio, la sed y la desesperación por llegar a nuestro último encuentro tradicional. Y así, junto a nuestro equipo de producción audiovisual, el sol y una sonrisa, recibimos la bienvenida de los tunguintsanos. No importó el color de la piel, la creencia y mucho menos la clase social para que reinara la convivencia; para informar y formar sobre las luchas de los pueblos por la justicia y libertad. Y, con pleitesía y en honor a nuestra tierra, la música, la chicha de maíz y yuca se desbordada entre brindis, ofrendas artesanales y agradecimientos de los lugareños. Nunca se ausentó el arte culinario, que entre mundiseh (gusano y palmito) o el palmito de chonta se acompañaba de alguna bebida frutal.

Cada pueblo nos sorprendió con sus notables cualidades tradicionales, sin embargo, en Tunguintsa el toque de misterio complementó esta vivencia, entre la magia del chamanismo y los sueños que pronostican un hecho que, en buen ánimo o no de quien lo transciende, se manifiesta de acuerdo a sus actos. Implorando a las buenas vibras, en la voluntad de promover mejores días, siempre los caminos resguardaron nuestro destino. Para los shiwiar, sus creencias están representadas en el bosque, ríos y chacras (huerto), cuya solemnidad sagrada, por medio de la ayahuasca y el floripondio, los lleva a obtener mejor salud y abundancia para vivir.

Grandes desafíos persisten para las comunas indígenas a siglos del genocidio colonial. Junto al incumplimiento de la carta de los derechos humanos, el avasallamiento industrial mercantil se confunde pintado de verde. Y, a distancia de la opulencia o quizás de la inmediata asistencia social, el ciudadano de cuatro murallas desconoce qué futuro le depara a los primeros habitantes de América.

Seguiremos caminando, sin perder la brújula, como el 31 de junio que salimos del territorio shiwiar, para retornar y seguir arando el porvenir por los senderos de la yuca.

Escrito y fotografía: Olmedo Carrasquilla Aguila (2017).

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