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19 de enero | | | | | | |

Guardianes del territorio

Lucha de comunidad de pescadores y campesinos de Colombia contra proyecto hidroeléctrico Urrá

La Asociación de Pescadores, Campesinos, Indígenas y Afrodescendientes para el Desarrollo Comunitario de la Ciénaga Grande del Bajo Sinú (ASPROCIG), de Colombia, se conformó a principios de la década de 1990. Poco después, comenzó la construcción de la represa hidroeléctrica Urrá que afectó a más de 65.000 familias. El modelo de desarrollo alternativo que puso en práctica ASPROCIG permite mitigar los impactos.

Naudel González Madera es pescador de la cuenca baja del río Sinú y miembro de ASPROCIG. En octubre viajó a Río de Janeiro para participar del 8º Encuentro Nacional del Movimiento de Afectados por Represas (MAB, por sus siglas en portugués). En este video, sintetiza la lucha de su organización.

Contó que la represa hidroeléctrica Urrá I comenzó a construirse en 1993 y que opera desde el año 2000; la empresa tiene muy avanzadas las obras de una segunda hidroeléctrica, por eso, Naudel las engloba, llamándolas “Urrá uno y medio”. Dijo que estas hidroeléctricas -que han causado la alteración el ecosistema en el que viven, y del que viven, puesto que ha afectado directamente a la pesca artesanal- están al servicio del modelo agroexportador. Si bien han denunciado en ámbitos nacionales e internacionales el impacto directo que han tenido las obras en la comunidad, no han conseguido detener los proyectos de Urrá. Mientras tanto, las comunidades cada día son más vulnerables, explicó.

“Hemos planteado un modelo de desarrollo alternativo a través de una propuesta de desarrollo alternativo a través de una propuesta de desarrollo rural territorial, que ha permitido mitigar un poco los impactos que esta hidroeléctrica ha generado en esta comunidad, especialmente en la de pescadores”, detalló. Para eso utilizan la metodología Zeta “que está fundamentada en la práctica de la agroecología como sistema de vida”, resumió. “Es un modelo de bosque natural en el que defendemos el territorio como uno de los sistemas que puede permitir que la vida continúe”, agregó. En ese sentido, comentó que siguen el legado de sus antepasados, los zenúes, “que desarrollaron uno de los sistemas hidráulicos de mayor importancia para la adaptación en esta región”, ubicada en la costa occidental de Colombia.

ASPROCIG está articulada al movimiento Ríos Vivos y otras organizaciones de derecho internacional. Naudel subrayó que su organización ha logrado “igualar el concepto de ambiente al concepto de territorio” y que “si no tenemos claro qué es ambiente y qué es territorio, es muy difícil que lo podamos defender, y en esto estamos muy claros, como organización política que defiende la vida, los derechos humanos y la permanencia en el territorio”, subrayó.

Saludó la articulación de fuerzas de todos los países que permite el MAB, y consideró que “si no hay una articulación, es imposible que podamos luchar contra un modelo de imposición que viene de los gobiernos neoliberales”.

“Como ASPROCIG, le exigimos a los gobiernos que respeten nuestra vida, que nos dejen vivir en paz, y que los ríos sean libres: queremos ríos libres, no queremos agua para la muerte, queremos agua para la vida”, afirmó. En medio de un encuentro que reunió a más de 3.000 afectados por represas de toda América Latina, Naudel sostuvo que el propósito es desmantelar a Urrá, y que “desmantelar todas las hidroeléctricas será un propósito de todos”. “Se ha demostrado a través de la historia, que las hidroeléctricas no han traído desarrollo para las comunidades, todo lo contrario, han traído pobreza, desplazamiento, han hecho que muchos compañeros hayan desaparecido, [ha habido] asesinatos, pobreza, desplazamiento, rompimiento del sistema cultural, del núcleo familiar de las organizaciones y eso desestabiliza las economías de subsistencia”, relató.

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